Pretendemos aquí hacer una
humilde mención a grandes personalidades del medio que son reconocidos hinchas
de Trafico´s:

El querido José Luis Piccarelli (al medio, de chomba roja), mas conocido como "El Gordo", uno de los periodistas deportivos con mayor renombre de la zona, reconocido por su seriedad, honestidad y por ser un confeso hincha de nuestra institución.
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Sin dudas una de las mayores glorias del deporte de Pergamino de todos los tiempos, multicampeón con Estudiantes de La Plata, con paso por el Granada de España, y que terminara su carrera en Douglas Haig, siendo ídolo tanto como jugador como Director Técnico, estamos hablando de Juan Miguel Echecopar, mas conocido como "Juancito", quien fue producto de la cantera trafiquense y es un orgullo para la institución que Trafico´s Old Boys esté presente en su corazón.
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Alcides Sequeiro, ni mas ni menos que uno de los mas importantes intendentes que ha tenido la ciudad de Pergamino en los últimos tiempos, es un confeso hincha de Trafico´s Old Boys (obra de Jose Luis Piccarelli).
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Tristán Díaz Ocampo, o mas conocido como simplemente "Tristán", actor, cómico, comediante, pergaminense de nacimiento que de joven se radico en Capital Federal y ahí supo convertirse en una de las personalidades mas conocidas del espectáculo porteño, y de reciente incursión en la política cuando se postulo sin éxito a Intendendente de Pergamino, cuando vivía en Pergamino lo hacia en el Barrio Acevedo a solo 200metros de la sede de Trafico´s, entidad que supo contar con su presencia en forma cotidiana.
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¿Juan Carlos Puppo también?... se la dejamos picando hasta que nos confirmen este trascendido...
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José Fernández, el filósofo de Viña
Tenía 83 años y era una
lumbrera. Autodidacta ejemplar, alcanzó una formación integral que admiraba a
propios y extraños. Lector empedernido, desde su infancia, leyendo La Nación
cuando tenía 8 año de edad, pasaron luego en su vida y ante sus ojos, las más
diversas lecturas. Los grandes libros no tenían secretos para él. Infinidad de
personas pasaron por su rancho de Viña para echar párrafos con José y para
iluminarse con sus luces. Se carteó mucho tiempo con Jorge Luis Borges y con
aquel gran pensador que fuera Rodolfo Mondolfo. Su rancho de Viña fue centro de
innumerables reuniones con personas de toda laya, llegados desde distintos
lugares. Muchos amigos pergaminenses frecuentaron su casa y llegaron a su
amistad entrañable con una devoción que admiraba. Don Luciano Kauffmann fue su
visita dominical por mucho tiempo y frente a José intercálaban pensamientos
profundos. Raúl Rovedatti, Leonardo Rodríguez, Fernando Ortega, José Próspero,
Rafael Restaino y muchos hombres pergaminenses fueron sus visitas durante mucho
tiempo. Agnóstico, libre pensador, superó todas las ideas políticas y se ubicó
en la vanguardia del pensamiento con una lucidez asombrosa. Libertario por
antonomasia, se situó en el anarquismo, donde la libertad estaba por sobre todas
las cosas. Más allá de dogmas y partidos, su pensamiento libérrimo no aceptó
tiranías ni esclavitudes. Su mente era un faro de luz que se irradiaba
generosamente en todos los sentidos. Amigo de Ernesto Sábato, con él tuvo una
relación amplia. A propósito, hay una anécdota singular y significativa que
habla del respeto que el escritor tenía por este hombre que murió el viernes 4
en horas de la mañana. En Viña estaba la Biblioteca ’Luz del Porvenir" (nombre
idealista impuesto por Fernández) y en cierta oportunidad invitaron a Sábato
para que diera una conferencia. Fue Sábato y antes de su disertación, dijo: "Voy
a hablar sobre tal tema. (Y aquí mencionó el título de su exposición). Cuando
finalice, con gusto responderé a las preguntas que quieran hacerme. Pero
Fernández que no pregunte". Con Sábato hay otra cosa muy particular. En un
periódico de España le hicieron un reportaje al escritor argentino. Entre otras
cosas expresó: "Una fuente inestimable para conocer mi religión con la anarquía,
es la constituida por la correspondencia con el veterano y paradigmático
militante libertario José Fernández, que vive en un pequeño pueblo, Viña, del
noroeste de la provincia de Buenos Aires" y agrega: "Fernández es el Sócrates de
Viña por su sabiduría y por la ética de sus posiciones". Lector insaciable, deja
una biblioteca maravillosa; pero una biblioteca igual o mayor, es la que ha
desperdigado entre amigos y conocidos. En sus mocedades, con un sulky era
repartidor de la carnicería de su padre. En un cajón llevaba la carne y en otro
cajón, más grande, llevaba libros, que dejaba en las chacras.
Enamorado de los secretos que cada hombre lleva en sí, en los tiempos en que los
trabajadores golondrinas viajaban en los trenes de carga, solía visitar los
puentes, donde debajo se guarecían los andariegos. Y Fernández les llevaba
libros, porque en cada hombre trashumante encontraba un espíritu inquieto,
abierto al diálogo. En sus tiempos de muchacho fue un extraordinario deportista,
pelotaris, ciclista, boxeador y sobre todo futbolista de excepción, en el Club
Desamparados, de Viña, era una fiesta verlo jugar con sus magníficas gambetas,
su donaire y despliegue inagotable. Cuando el magistral Gabino Sosa abandonó el
fútbol, Central Córdoba lo llevó a Rosario para que lo suplantara, al lado de
Vicente de la Mata. Después fue Chacarita Juniors el que quiso incorporarlo a
sus filas; lo mismo Racing, de Avellaneda; pero José era un pájaro que no podía
aprisionarse en las redes de una disciplina cerrada; él tenía otros horizontes.
En cambio nuestro equipo del viejo
Tráfico´s Old Boys, lo mismo que
White Star Sports, de Arrecifes, que quedaba cerca, lo contaron en sus filas y
supieron de sus malabares; igual fue en la selección de Arrecifes. El próximo 2
de agosto hubiera cumplido 84 años, pero una declinación total de su salud agotó
sus energías y apagó el resplandor de sus luces, en nuestra ciudad. Se le
sepultó en Arrecifes en forma sencilla, sin flores ni cruces y sin pompas de
ninguna índole, como él quiso y no obstante el poco lapso transcurrido de su
deceso, gran cantidad de amigos estaban esperándolo en la necrópolis para
despedirlo. También había gente de Arrecifes. Una muchacha, llorosa, dijo: "Cómo
iba a faltar a este acto, si él fue quien me enseñó a leer. Mejor dicho; él me
enseñó a pensar lo que leía". Y en Viña fueron muchísimos los que podrían decir
lo mismo.